Cuando no encontramos nuestro lugar, cuando no conseguimos profunda satisfacción, o cuando no vemos sentido a nada, nos encontramos perdidos en lo que percibimos de las cosas y tan sólo necesitamos cambiar la manera de mirarlas, transformar nuestra mente.
Fuera de la hiperestimulación, fuera del ruido y la vorágine exterior, la mente se desnuda. Sintiendo el cuerpo, sintiendo las sensaciones, la mente se apacigua. Acogiendo el deseo, acogiendo el sufrimiento, la mente se estabiliza. Y entonces aparece la lucidez, y con ella el gozo.
Solo con lucidez se pueden apreciar las pequeñas cosas. Y se puede ser, pese a todo, agradecido. Agradecidos de vivir, estando donde estamos, siendo lo que somos, solamente simples humanos.